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martes, 19 de julio de 2011

A Sir. Chaplin.

Bien , muchos me pidieron subir al blog este texto que muchos ya habían leído en facebook como nota,otros sólo se habían quedado con las ganas de leerlo cuando se los mencioné... sea cual sea tu caso, aquí esta tu petición cumplida, " A Sir. Chaplin":

Más allá de ser uno de los exponentes más revolucionarios de la historia del teatro, el cine y el arte, un 16 de abril pero de 1889, el honorable Sir Charles Spencer Chaplin, nació.



Con más de 90 películas a sus espaldas, este multidisciplinario actor, cómico, compositor, productor cinematográfico y escritor inglés, trascendería en el mundo como Charlot: el hombre de carita blanca, bigotes, sombrero a lo bombín y bastón.

Un genio, no necesariamente de esos que admiras o simplemente te gustan, sino de aquellos que pueden entregarte una forma de vida y reventarte la conciencia con, al parecer, simples pero profundisísimos mensajes.



Y es que a decir verdad, no dejarse llevar por la magia de Charlie, podría compararse con uno de los más horrorosos crímenes para cualquiera de los amantes del mundo del cine o del teatro. Sin embargo, debo confesar que pequé, y en reiteradas ocasiones me convertí en asesina de Chaplin, porque más allá de rescatar todo el cuento estético y hasta romántico de blancos y negros, Charlot me estresaba. Y la música, -posteriormente agregada a sus filmes-, no hacía más que agravar mi delirio personal.



Así que para absolverme, me metí en su mundo, decidí leer su obra que predeciblemente, escapaba de todo parámetro del Charlie Bombero que yo no había comprendido. Me conquistó en “The kid”, me sedujo en “La quimera de Oro”, me enamoró en “El gran dictador” y cuando yo creí que ya estaba entregada, decidió sacarse el sombrero, dejar el bastón y romper el frágil abismo del silencio para volarme los sesos y hacer de la sonora “Candilejas”, una de mis películas más favoritas de la vida .Y es que aquí, este hombre encubierto en el decadente personaje llamado Calvero y su maldita frase: -“Odio el teatro, También odio la sangre, sin embargo corre por mis venas”-, me hizo entender por qué hoy escribo, en otras ocasiones actúo y a veces hasta respiro.

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